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Meditación Dominical

Servir y dar la vida (Mc 10,35-45 )

Sunday, Oct 21, 2018


El Evangelio de hoy es un buen “termómetro” que nos permite saber hasta qué punto hemos asimilado el mensaje de Cristo en nuestra vida personal. Nos permite concluir también que sin una luz particular del Espíritu Santo es imposible siquiera comprender la enseñanza de Cristo y tanto menos ponerla en práctica.

En efecto, en este Evangelio se nos presenta la actitud de los doce apóstoles antes de que ellos asimilaran el mensaje de Cristo. Al verlos disputar honores y poder terrenos no debemos escandalizarnos, pues ellos simplemente reflejan la condición de todo ser humano en su estado natural, es decir, antes de ser elevado por la gracia divina.

Dos de los apóstoles, Santiago y Juan, se acercan a Jesús y le dicen: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te pidamos... concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda". A esta altura del Evangelio ellos ya han llegado a la convicción de que Jesús es el Cristo, es decir, el Hijo de David, y que tiene que heredar su trono (cf. Mc 8,29). Pero están pensando en un reino terreno y ambicionan los primeros puestos. Los otros diez no están libres de esta misma ambición y por eso se irritan: "Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan". Cada uno procura su propio interés. Abandonada a sus propias fuerzas, sin la gracia de Dios, la naturaleza humana caída no puede más.

Cuando Jesús anunciaba que sería entregado en manos de los hombres y que lo matarían, los apóstoles “no entendían lo que les decía y temían preguntarle” (Mc 9,32). Es la misma incomprensión que revelan ahora con su petición. Por eso Jesús les responde: “No sabéis lo que pedís”. Y les aclara que él está lejos de establecer un reino de gloria terrena: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”.

Jesús responde a la petición de los apóstoles diciéndoles: “El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos”. Jesús es la Verdad y esta sentencia suya es la verdad. Pero ella se impone a nuestra inteligencia sólo como un don. Por eso son tan pocos los que la captan y menos aun los que la viven. Sin esta gracia se cae en lo que todos conocemos: "Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder”.

Los apóstoles finalmente recibieron la gracia de comprender esta verdad y de vivirla. A nombre de ellos habla San Pablo: “A nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres” (1Cor 4,9). Se hicieron los últimos y ahora son los primeros.

En nuestros días tenemos un ejemplo claro de esta verdad en la Madre Teresa de Calcuta, que hoy será beatificada por al Santo Padre Juan Pablo II. Todos tenemos en la retina su imagen menuda pero llena de fuerza. Ella es grande porque se hizo la última y la servidora de todos, especialmente de los más pobres y más despreciados de este mundo. Será beatificada transcurridos apenas seis años desde su muerte, ocurrida el 5 de septiembre de 1997, un récord extraordinario que se dice sólo de los grandes santos de la historia. En esto ella es “primera”. Se hizo la última y la servidora de todos y Dios la hace ahora primera.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


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