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Meditación Dominical

Se fueron aparte, a un lugar solitario (Mc 6,30-34)

Sunday, Jul 22, 2018


"Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado". Así comienza el Evangelio de hoy. Sólo dos veces usa Marcos el sustantivo "apóstol", y ambas veces en plural. Esta es la segunda y última vez. La primera vez que usa esta palabra es en la institución de los Doce: "Instituyó a Doce, a los que llamó también 'apóstoles' (enviados)" (Mc 3,14). (Es de notar que la cláusula: "a los que llamó apóstoles" no está atestiguada en importantes y antiguos manuscritos; pero se encuentra en otros igualmente importantes y antiguos; nosotros la consideraremos auténtica). Desde el primer momento de su elección por parte de Jesús, los Doce ya estaban destinados a ser "enviados", pues este es el nombre que les da Jesús mismo. En efecto, los eligió y los llamó "para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Ibid.).

En la lectura del domingo pasado veíamos que, después de un esmerado tiempo de formación en que estuvieron con él siguiéndolo a todas partes, Jesús "comenzó a enviarlos de dos en dos". Entonces comenzaron a ser lo que su nombre expresa. Por eso, cuando, concluida su misión, regresan a dar cuenta de ella, es obvio que se los llame "apóstoles", es decir, enviados. Esa misma lectura nos decía lo que hicieron, pero en términos muy generales: "Predicaron que la gente se convirtiera, expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban". Esto es lo que, volviendo a reunirse con Jesús, le contaron, pero seguramente con lujo de detalles. ¡Cómo desearíamos conocer esos detalles! El evangelista no los menciona porque para eso tenemos veinte siglos de historia de la Iglesia, que no es más que la historia de la misión. El mismo libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata con mayor detalle lo que los apóstoles "hicieron y enseñaron", después que fueron enviados por Jesús en el momento de ascender al cielo.

Después de ese tiempo de misión a la que fueron enviados, sigue otro momento de estadía a solas con Jesús; es la otra razón para la cual fueron llamados: "Jesús, entonces, les dice: 'Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco'". ¿Por qué dice: "también vosotros"? ¿Quién más hacía esto? Es porque esto es lo que hacía Jesús mismo. Ahora invita a los apóstoles a imitarlo también en esto. El Evangelio de Marcos nos dice, usando la misma expresión, cuál era el proceder de Jesús: "De madrugada, cuando aún estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración" (Mc 1,35).

Jesús nos enseña así que toda obra de evangelización y de apostolado debe ser precedida por la oración y debe ser seguida por la oración. Sin la oración toda obra amenaza con quedar reducida a activismo estéril. El gran santo contemplativo, San Juan de la Cruz, que sabía de estas cosas, escribe: "Adviertan, pues, los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración... De otra manera, todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño" (Cántico espiritual, 29,3).

El peligro de quedar absorbidos en los muchos quehaceres amenazaba también a los apóstoles. El Evangelio lo dice en breves palabras: "Los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer". Y, no obstante tener tanto que hacer, "se fueron con Jesús en la barca, aparte, a un lugar solitario".

Lo que sigue parece indicar que no lograron su objetivo. El Evangelio dice que "los vieron marcharse y muchos cayeron en la cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos". Pero, en realidad, este es el comienzo de otro episodio. Se trata de explicar por qué Jesús y sus discípulos se encontraron rodeados de una gran multitud en un lugar desierto. Este entusiasmo que despertaba Jesús y su enseñanza era algo constante; ya lo hemos visto varias veces en el Evangelio. Esta vez la reacción de Jesús ante la multitud nos lo muestra como el buen Pastor que siente vivo afecto y solicitud por sus ovejas: "Al desembarcar, Jesús vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas". La multitud estaba desorientada, como ovejas sin pastor, pero cuando ven a Jesús, allí se reúnen todos en un mismo lugar como un solo rebaño. El los congrega en torno a sí. Mientras están con él, escuchándolo y siguiéndolo, están seguros, no les falta nada, están como ovejas que siguen al pastor. El es el único pastor, el buen pastor que da la vida por sus ovejas.

Jesús sintió compasión. Sería hermoso conocer más íntimamente estos sentimientos de Jesús. Por ahora podemos decir que su compasión, al ver el estado de perdición en que se encontraban los hombres, fue tal, que lo llevó a entregar su vida. Con razón afirma el Papa Pío XII en su excelente Encíclica sobre el Sagrado Corazón: "A nuestro divino Salvador más lo clavó a la cruz la vehemencia de su amor que la crueldad de sus verdugos" (Haurietis aquas).

Felipe Bacarreza Rodriguez

Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


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